Sábado a la nochecita. La fonoaudióloga Claudia Moreno Thillois recibe un mensaje de texto. Lee: "perdoná la hora, pero es que por primera vez en mi vida pedí yo sola la hamburguesa en McDonald?s". A Claudia le saltan las lágrimas. El mensaje es de una de sus pacientes, de 17 años, tartamuda, que está empezando a superar su dificultad. "Soy llorona y me emociono mucho cuando pasan estas cosas. La vez pasada otra de mis pacientes me contó que había conseguido pedir ella el helado. Antes siempre iba con su amiguita a comprar. Parecen cosas sin importancia, pero tienen un enorme valor para ellos", añade.

La profesional se ha especializado en los últimos tratamientos de la tartamudez, y aclara que estos ya no pasan solamente por ejercicios de respiración y la repetición de palabras. "Hoy se entiende que la tartamudez no es sólo un trastorno del habla, sino un cuadro más complejo que involucra las emociones y aspectos neurofisiológicos. Lo importante es transmitir que se puede hablar cómodo y fácil, con lentitud y suavidad, y que tengo la libertad de hablar como puedo y que es justo que el otro me escuche y acepte como soy", explica.

Mañana es el Día Internacional de la Toma de Conciencia de la Tartamudez, un logro de la Asociación Internacional de Tartamudez, conformada en 1998. "La creación de este día apunta, especialmente, a construir una comunidad mundial que sea más humana y compasiva con los millones de personas que viven con tartamudez", explica Claudia . "El objetivo es cambiar ciertas actitudes públicas y eliminar la discriminación social hacia la gente que tartamudea, promover la autoestima de los tartamudos, abrir espacios de intercambio de ideas entre investigadores, gente que tartamudea, profesionales y padres de los niños tartamudos", detalla.

Junto con sus pacientes, la fonoaudióloga definió un lema para este año, y de las propuestas de los chicos surgió la frase: "¿quieres ayudarnos? Escúchanos y respeta nuestros tiempos".

Definición

La tartamudez o disfluencia es una dificultad en el habla, que se desarrolla entre los dos años y medio y los cuatro años. Suele ser de carácter hereditario en la mayoría de los casos.

"La consulta precoz es de suma importancia -dice Moreno Thillois- ya que si recibe el tratamiento adecuado, el niño hasta los cinco años puede recuperarse. Después de esa edad se puede compensar por medio de nuevos tratamientos que entrenan a la persona para que pueda controlar su habla". Agregó que la tartamudez no desaparece por sí sola ni mejora a medida que el niño madura; por el contrario, va complejizándose y comprometiendo la comunicación, la socialización, lo emocional y otros aspectos de la vida.

La especialista recomienda que los padres busquen la ayuda de un profesional especializado y entrenado en los nuevos tratamientos. Estos -destaca- abordan no sólo el problema del habla sino también las actitudes, sentimientos y conductas negativas que se van formando debido a la tartamudez. "En muchos casos limitan a la persona en lo educacional, en lo laboral y en lo personal, y frustran sus aspiraciones y proyectos", puntualiza.

"Llega un momento en que el miedo a la exposición o la vergüenza que siente al hablar hace que el tartamudo deje de hacer las cosas que le gustan. Por ejemplo, no van más a fiestas, no se atreven a tener pareja, cambian de carrera porque buscan algo que no los obligue a hablar, o cuando van a buscar trabajo no los toman porque el tartamudeo da una mala imagen", describe la especialista.

Cómo ayudarlos

Moreno Thillois enfatizó que la familia y la escuela son piezas claves para la recuperación de los chicos que tartamudean. "La familia debe hacerlo sentir que no está mal que hable con saltitos, tiene que aprender a escucharlo y a darle el tiempo que necesite para expresarse -indicó-. En la escuela, los maestros y profesores también tienen que respetar estos tiempos, entender que si el chico no participa no es porque no sepa o no estudie, sino porque teme exponerse y, además, contribuir a que los compañeros lo hagan, a educarlos para que no le hagan burla".